sábado, marzo 4

Adán resucitado o la resurrección de la memoria. La poesía de Jeannette L. Clariond

Todo olvido guarda una luz
un nombre cada fotografía,
un año cada árbol.

Jeannette L. Clariond


Entre las diferentes imágenes de la poesía que ofrece Jeannette Clariond en sus libros, aquella en la cual afirma que la voz «es la suma de moradas bajo la luz de los olvidos» sirve al lector, a mi juicio, como la definición precisa de su poética. Por ello, más que exponer mi concepto acerca de la poesía de Jeannette, pretendo esbozar algunos apuntes que he ido tomando al margen de sus libros Desierta memoria, y Todo antes de la noche, con el fin de servir como antesala a su lectura.

Lo primero que llama la atención en Desierta memoria es la paradoja que propone su título, a cuya comprensión cabal se llega tras seguir las claves que asoman en cada poema, iluminando la totalidad del libro como si se tratase de un mismo poema, de una misma metáfora de la escritura. En cada una de las cinco partes en que se divide el libro se da, paulatinamente, la destrucción de la memoria natural y su sustitución por la memoria reinventada y desdoblada del poema. Así, la memoria real, si seguimos extendiendo la paradoja, pasa a convertirse en niebla, oscuridad, pues al ser filtrada por la fina artesanía del poema, esa primera memoria no puede tener otra realidad que la página en blanco.

Por eso, a lo largo de la primera parte la voz del poema se comporta como un Adán que vuelve de una ausencia forzosa con la doble intención de reconocer lo nombrado y volver a designar su realidad. En este ímpetu de reinventar la realidad se da un desdoblamiento que comienza desde el primer poema, donde la poeta escribe:

Esta costumbre,
esta grave costumbre de perderse
al momento en que hilos,
tenues luces
de rostros
se deslíen
y cuerpos se borran
como en una vieja fotografía.

Hacienda, pan,
todo guarda su nombre bajo la sombra.

[…]

A partir de este poema se comienza a deteriorar la realidad y elementos como la luz, la memoria, el tiempo y los recuerdos que dan vida a la imagen, se ven obnubilados por la palabra del poema y asumen un sentido contrario en el cual la única posibilidad de claridad la da el deseo, que bien puede evocar un pasado reinventado, o bien crear a partir del sueño de quien ve doblemente en los espejos, a partir de la materia del deseo, y su precisión de infinito.

A pesar de que esta ecuación aparece a lo largo del libro y logra hacernos saber que la realidad es algo que no acontece y que vivir / es sólo un modo / de oscuridad / quiero cerrar la exégesis del libro a partir del poema «Lejanía», donde se marca la escisión entre realidad vivida y realidad del deseo, o realidad de la escritura y a partir de donde la voz poética, la escritura y el poema reemplazan lo evocado y dan lugar a la iluminación de la poesía. Dice el poema:

Como un astro la memoria
se desvanece
en medio de la niebla.

Varios ejemplos nos confirman que la palabra del poema es la luz que nace de las nieblas de lo real, y que la voz poética sabe que en esa transfiguración de los espejos todo olvido guarda una luz. Sin embargo, antes de abandonar los apuntes acerca de Desierta memoria, quiero decir que el tercer poema de la última parte del libro, titulada como «Niebla», evidencia que el poema no es un accidente para reconstruir la memoria, sino todo lo contrario: tras filtrar por medio de la imagen y la escritura la memoria, la poeta vuelve a la hoja en blanco y nos dice que la poesía es otra forma de olvido, acaso la más alta forma del olvido:

Las nocturnas copas de los árboles
son nuestras mientras nos hundimos.
Y no basta ese llegar a la raíz,
ese perderse entre sus copas subterráneas;
es la voz, incierta y estrecha,
que apenas arde,
hora del comienzo y el fin,
suma de moradas bajo la luz de los olvidos.

Ahora bien, con respecto a Todo antes de la noche, premio de poesía Gonzalo Rojas en el año 2001, quiero apuntar cómo esa voz creada en Desierta memoria salta hacia el mito y su lenguaje tiende a lo simbólico. Acaso porque este poemario hace las veces de Réquiem; no olvidemos que está dedicado a Olga Ayub, madre de la autora. Con todo, en un ejercicio de contención y de nombrar apenas lo necesario para dar luz al poema, en este libro Jeannette hace gala de una de sus cualidades más sobresalientes de su poesía: la contención, la mesura en el decir.

El problema que plantea Todo antes de la noche, más allá de la creación de la palabra poética, es la pérdida de la palabra primera, es decir, de la palabra madre que constituye la primera lengua. Sin embargo, la problemática apenas si se enuncia, pues tras el velo de esa imagen, se oculta el conjuro del dolor que huye del tono patético para convertirse en salmodia. En varias oportunidades el libro nos confirma que quiere convertir el acontecimiento luctuoso en salmodia, en oración, en liturgia, en melodía de otra lengua ante la impotencia de la pérdida. Bien lo dice uno de los poemas más breves del libro y que anuncia su libro futuro de aforismos: Hay regiones que son sílabas de sombras. Poema que encuentra su respuesta, como si se tratara de un diálogo de acertijos, en el poema aforismo de la página 49, en el que se nos dice, no sin dramatismo, que Nunca dicha es la llaga, pese a la plegaria, pese a la palabra que vuelve a la vida fragmentos de una realidad posible sólo a través de la palabra. Al fin y al cabo, dice la autora:

La memoria es presencia,
fruto de lo vivido,
en equilibrio avanza, vidente,
hacia el verdor.

Al igual que en Desierta memoria, el destino del poeta es ir reconociendo lo que es, a partir de la negación y lo perdido, como nos dice uno de los versos del libro, cuando escribe que sus ojos aprendieron a ver sin mirar / en lo que permanece. Un ejemplo claro de esta continuidad entre Desierta memoria y Todo antes de la noche, lo ofrece el poema de la página 42 que dice:

La melancolía es destino
diciéndonos lo que no somos:
un huerto tejido de sombras,
la cicatriz de la tarde,
el rostro que lucha por saber quien fue.

Sin embargo el libro nos devuelve pronto a su poética, pues, como dije al inicio, la realidad en la escritura de Jeannette Clariond nace de la mirada artística que selecciona y filtra los elementos de la primera voz; a fin de cuentas Los alminares ciegan de resplandor / pero Brueghel encuentra la puerta de Dios. Porque como dice el poeta Gonzalo Rojas en su prefacio al libro, También el sol de los que ven de veras es oscuro.
Por último, antes de dejar la palabra a la poeta, quiero apenas recordar la importancia que ha tenido el ejercicio de la traducción en su quehacer. En italiano ha traducido una Antología de Roberto Carifi (Papeles Privados, Monterrey) y La tierra santa (publicado por Pre-Textos de Valencia) de la poeta italiana Alda Merini, candidata al Premio Nóbel. Del inglés, también publicado por Pre-textos, ha traducido Zodiaco negro de Charles Wright y en la actualidad está preparando una extensa antología de la poesía norteamericana actual. Mucho se ha escrito acerca de la traducción como trampolín y ejercicio en el que los poetas deben transitar para encontrar su propia voz, pero ahora no es el momento para abordar el tema. Sólo quiero, antes de seguir postergando la voz de la poeta, cerrar esta breve presentación retomando sus palabras en la «Nota previa» al volumen mencionado de Alda Merini, para dejar presente cómo para la poeta mexicana, traducción y creación llegan a ser una misma cosa, a través de la compenetración entre la palabra del otro y la búsqueda de la propia voz; dice así:

Traducir es un acto de compañía sumo. Es vivir y revivir con el otro su circunstancia, por dolorosa o trágica que aparezca. De acuerdo al modo en que el creador vivencia el acto poético, es que logra adentrarnos en su realidad. El sabio Epiménides entendió la verdad como una mentira colectiva y el impulso de verdad como un olvido y represión inconsciente de esa mentira. Para el poeta la verdad no existe. Se reconoce como un ser nacido para la falta. Su verdad es sólo aproximación, intento de hallazgo.

Juan Pablo Roa Delgado





2 Comments:

Anonymous angel said...

Gracias por esta semblanza. La conocía únicamente como traductora de algunos poemas de la extraordinaria Alda Merini que ha publicado en un suplemento.

Saludos

12:39 p. m.  
Blogger Juan Pablo Roa said...

Gracias a ti.

9:48 a. m.  

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